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El programa de Moaña (mira que pareado) prometía, pero antes de meterse en
faena, nada mejor que hacerse una ruta el viernes por la tarde recorriendo unas
inmensas cumbres hasta ir a parar a un monasterio. Al final, lo vi desde abajo
y es que, después de hacer de paquete en un Thunderace unos cuantos kilómetros
-y los que me quedaban de vuelta-, no tenía el cuerpo como parar emprender la
ascensión (perdónenme, señores abades, pero es que también habíamos cenado). El
sábado era otra cosa, y más sabiendo que nos esperaba esa fabulosa pulpada a la
que nos tienen acostumbrados por estos lares, para seguir con los juegos,
charla de rigor con los moteros sobre los último de carreras, motos, "carné por
puntos". Todas esas cosas que llenan nuestros fines de semana moteros. Unos
pinchos y vuelta al plato para comernos una sardinada. Tengo que decir que el
grueso de motos que pude ver se acercaba a las 800, ¡ahí es nada! Todas en
marcha, eso de las doce dieron una vuelta con antorchas por el pueblo, un
espectáculo que sólo los que participan en él o lo presencian saben lo que
significa y representa. Un concierto a cargo del grupo rock ANTISOCIAL puso al
personal a toda marcha, quedando el show acrobático de rigor en manos de Emilio
Zamora, un mago sobre dos ruedas. ¿Que quién montó todo este tinglado? Pues los
chicos de La 3-13, que se estrenaron a base de bien.
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